Edsuper's Blog

Todo Tiene Su Tiempo… Eclesiástes 3:1a

Hay Días Que Me Siento Fuerte… Y Otros muy débil

Hay algo que he aprendido en mi caminar con Dios:
no todos los días me siento igual.

Y eso no me hace menos cristiano.
Me hace humano, alguien real.

Hay días donde despierto con convicción, claridad y fuego en el corazón.
Y hay otros donde lo único que tengo es un suspiro, no me quiero ni levantar.

1. Hay días que me siento como Josué y Caleb

Hay días donde me siento listo para la guerra.

Con fe.
Con determinación.
Con ganas de avanzar aunque otros tengan miedo.

Días donde veo promesas y no gigantes, dónde mi fe me hace avanzar.

Pero si soy honesto, no todos mis días son así.

2. Hay días que quiero esconderme como Elías

Hay días donde el cansancio me alcanza, me siento agotado de todo.

Días donde después de haber peleado batallas, solo quiero una cueva.

Silencio.
Soledad.
Descanso.

Y me pregunto cómo alguien que vio fuego del cielo terminó pidiendo morir.

Hasta que recuerdo que los hombres de Dios también se cansan.

Y Dios no dejó a Elías en la cueva.
Lo alimentó.
Lo restauró.
Le habló en un susurro.

3. Hay días que quiero llorar como David

Hay días donde lo que llevo por dentro pesa más de lo que muestro por fuera.
Oraciones que parecen rebotar en el techo.
Anhelos que todavía no se cumplen.
Luchas que no siempre explico.

David fue rey.
Fue guerrero.
Fue alguien que adoraba al Señor.

Y aun así escribió salmos empapados de lágrimas.
Hubo noches donde dijo que su cama se llenaba de llanto.

Eso me recuerda algo que necesito escuchar:

Llorar muchas veces es nuestro corazón diciendo:
“Dios, sin Ti no puedo sostener esto solo.”

4. Hay días que tengo fe como Abraham

Y sí, también hay días donde creo sin ver. Donde la Fe me hace dar pasos.

Días donde digo:
“Dios lo hará.”

Aunque no tenga el mapa completo.
Aunque no entienda el proceso.

Esos días me sostienen cuando llegan los otros.

5. Y hay días donde solo levanto mis ojos y pregunto…

“¿De dónde vendrá mi socorro?”

Esperando una voz que me diga, no te preocupes hijo…

Días donde no tengo palabras.
No tengo fuerza emocional.
No tengo respuestas.

Solo levanto los ojos.

Y recuerdo que tu palabra dice “mi socorro viene del Señor.”

No soy fuerte ni débil.

Esta frase me ha enseñado algo:

No soy fuerte por mí mismo.
No soy débil porque tenga emociones.

Soy absolutamente dependiente de Dios.

Si estoy de pie, no es porque soy disciplinado siempre.
Es porque el poder de Dios es real sobre mi vida.

En Dios están mis fuerzas.
En Dios está mi valor.
En Dios está mi esperanza.

Sin Él, nada soy.

Y quizá la verdadera madurez no es sentirse fuerte todos los días…
sino reconocer que todos los días necesito a Dios.

Posted in

Deja un comentario

Descubre más desde Edsuper's Blog

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo