Edsuper's Blog

Todo Tiene Su Tiempo… Eclesiástes 3:1a

“ME SIGO EQUIVOCANDO… PERO DIOS NO HA TERMINADO CONMIGO”

Reflexión desde Jueces 13–16

Quiero hablarte como hombre.
No como el que ya lo logró muchas cosas.

Sino como alguien que también ha dicho:
“Ya no voy a volver a caer.”
Y ha vuelto a caer.

He dicho que no me volvería a endeudar.
Que no reaccionaría igual de agresivo.
O que no repetiría el mismo patrón de mis ancestros.

Y a veces lo repito.

Cuando leo la historia de Sansón en Jueces 13–16, no veo solo a un personaje bíblico.
Me veo a mí.

1. Dios me llamó antes de que yo me equivocara

En Jueces 13:5, Dios declara el propósito de Sansón desde el vientre.

Eso me confronta demasiado.

Porque antes de mis errores…
antes de mis malas decisiones…
antes de mis temporadas bajas espiritualmente…

Dios ya había hablado propósito sobre mi vida.

Nazareo significa consagrado.
Separado.

Y a veces yo he vivido como si fuera común.

No es que Dios no haya hablado.
Es que yo he decidido distraerme y ver hacia otro lado.

2. He querido bendición sin disciplina

Hay momentos donde le digo a Dios:
“Señor, bendíceme.”
Pero no siempre camino como alguien que quiere sostener esa bendición.

En Jueces 13:13-19, había instrucciones claras.

Y me pregunto:
¿Cuándo fue la última vez que realmente me postré delante del Señor?

No solo para pedir ayuda cuando estoy en crisis…
sino para rendirme a Él cuando todo está bien.

Muchas veces quiero resultados espirituales sin hábitos espirituales.

Y eso duele mucho admitirlo.

3. Reconozco que no es debilidad…

son distracciones

Jueces 13:24-25 dice que Jehová bendijo a Sansón.
Pero después en Jueces 16:1, vuelve a lo mismo.

Otra vez.

Eso me golpea. Porque me veo y pienso ese soy yo también.

Porque crecer no significa estar libre de tentación.
Significa que debo decidir diferente.

Y si soy honesto, hay distracciones que yo sé que no me convienen.
Pensamientos.
Orgullo.
Impulsos.
Deseos de complacer a otros.

Dudas, Miedos, Ansiedades.

Y me doy cuenta que el enemigo no siempre me ataca fuerte.
A veces solo me distrae.

Y cuando me distraigo, me desenfoco de todo y principalmente del llamado.

4. La pregunta incómoda: ¿A quién estoy complaciendo?

Sansón empezó a vivir para agradar a una mujer más que a Dios.

Y cuando lo leo me pregunto:

¿Estoy viviendo para agradar a Dios…
o para quedar bien con los demás?

¿Estoy trabajando para glorificarlo…
o para que me reconozcan?

¿Estoy liderando mi casa como sacerdote…
o como alguien que solo reacciona a las situaciones?

Esa pregunta me confronta más que cualquier otra.

5. Dios todavía escucha cuando oro quebrado

Lo que más me conmueve es Jueces 16:28-30.

Sansón ora cuando ya perdió todo.

Y Dios responde.

Eso me da esperanza.

Porque aunque yo me equivoque…
aunque a veces no esté a la altura del llamado…
aunque repita errores…

Dios no deja de estar en control.

He aprendido algo:

Mis errores son temporales.
Mi llamado es eterno.

Y cuando me arrodillo delante de Dios,
no lo hago porque soy fuerte…
lo hago porque lo necesito, porque reconozco que debo ser humilde.

Y darle su lugar a Dios.

Y lo más importante es darme cuenta que:

No quiero vivir jugando con mi propósito.

No quiero repetir la historia de Sansón por orgullo.

Quiero ser iglesia en mi casa.
Pero también afuera.
En mis decisiones.
En mi trabajo.
En cómo manejo mi dinero.
En cómo trato a mi esposa.
En cómo lidero.

En cómo conecto con los demás.

Dios puede usar errores humanos.
Pero yo no quiero vivir dependiendo de la misericordia para corregir lo que pude evitar con obediencia.

Hoy no necesito más fuerza.
Hoy necesito rendirme.

Y si te soy honesto…
esta reflexión primero me la estoy predicando a mí.

Posted in

Deja un comentario

Descubre más desde Edsuper's Blog

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo