“Y Moisés inmoló el carnero, y tomó de su sangre, y la puso sobre el lóbulo de la oreja derecha de Aarón, sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo gordo de su pie derecho. Después hizo acercarse a los hijos de Aarón, y puso Moisés de la sangre sobre el lóbulo de su oreja derecha, sobre el pulgar de su mano derecha, y sobre el dedo gordo de su pie derecho; y roció Moisés la sangre sobre el altar alrededor.” Levítico 8:23-24
La escena puede parecer extraña a primera vista: Moisés toma la sangre del sacrificio y la coloca en la oreja, el pulgar y el dedo gordo del pie de Aarón y sus hijos. Pero nada es casualidad en la Palabra.
- Oreja derecha: Dios llama a sus sacerdotes a escuchar su voz por encima de todas las demás.
- Pulgar de la mano derecha: sus manos debían obrar para Él, con pureza y servicio.
- Dedo gordo del pie derecho: sus pasos debían caminar firmes en los caminos del Señor.
Es como si Dios dijera: “Si vas a servirme, entrégame tus oídos, tus acciones y tu caminar.”
En Cristo, ahora somos llamados “real sacerdocio” (1 Pedro 2:9). Eso significa que nuestra vida también debe estar marcada por esta consagración:
- ¿Qué estás permitiendo escuchar?
- ¿En qué ocupas tus manos cada día?
- ¿Hacia dónde te están llevando tus pasos?

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